Día del Maíz en Espacio Odeón, cuando el alimento es una pieza de Arte

Cuando se piensa en maíz, se viene muchas preparaciones que desde niños se consumen en cada uno de sus países o lugares de origen, es un producto – grano que identifica al continente americano en todo su esplendor, por ello el viernes 29 de septiembre se presentó un espacio para celebrar el día del maíz a punta de arepas, mazorca asada, mazamorra dulce y una muestra sobre alguna de las 500 variedades de maíz que se tienen registradas en Colombia.

 Maíz, producto vegetal alimenticio que tiene marcada la vida de más de una persona a nivel internacional, en especial lo que hemos tenido la suerte de crecer en América y en los grandes países productores de este delicioso producto. (Zea mays) palabra que viene del Ma – Hiz de vocablo taíno. En el antiguo Perú, en el quechua se le conocía como Sara; del quechua choccllo se le dice Choclo y en el náhuatl se lo conoce como Elotl. Esta es una planta que produce mazorcas con granos comestibles, usualmente gruesos y amarillos (Aunque algunas mazorcas nativas vienen de color morado, amarillo, rojo, negras entre otros). A la mazorca que en suave y blandita se le llama choclo o elote. Esta planta se cultivado alrededor de 7.000 años y ha sido la base alimentaria de los pueblos mesoamericanos y andinos, se dice que por ejemplo en el año 1498 ya comenzaron a sembrar maíz en las Españas por lo que se presume que Cristóbal Colón en su primer retorno al viejo continente ya llevaba consigo muestras de maíz para sembrar; hay registros de emisarios de Colón que al explorar Cuba encontraron “un grano que llaman los nativos maíz, de buen sabor, cocinado, seco y en harina”.

Celebración del día del maíz en Espacio Odeón

Los indígenas americanos ya lo comían procesado; o sea los cocinaban y los cubrían con cal o cenizas de madera para ablandarlo y lo acompañaban con frijoles, ya que es una mezcla nutricional fuerte. En Europa no supieron usarlo bien, ni acompañarlo de ningún tipo de proteína por lo que se dice que enfermaron de pelagra o piel áspera.

Tortillas, arepas, palomitas de maíz o como si diga en su país, tamales, envueltos, humitas y otras preparaciones, es básicamente lo que se comían hace unos años las culturas andinas y mesoamericanas. En Mesoamérica se molía el maíz en piedras llamadas metate y se hacía harina base para las preparaciones previamente mencionadas.

Por otro lado, los andinos lo consumían de otras formas: cocido en agua le llaman muti  y ahora se conoce como mote; tostado le llamaban camcha y ahora es cancha; al maíz molido y envuelto en sus propias hojas (Amero) le llamaban humita; a la bebida fermentada hecha a base de maíz le llaman chicha y la forma de consumo más popular que a nivel internacional se conoce que es cocer el maíz desgranado y tostarlo hasta el punto que revienta es conocido como maíz pira, cotufa, palomita, pop corn entre otros.

También hay registro en que los Incas ordenaban a sus miembros del Imperio, que debían plantar maíz, papa, quinoa y otros alimentos en los cuales debían ser parte de su base alimentaria para su supervivencia, por lo que les enseñaban buenas prácticas de manipulación de estos productos para que no hubiera desperdicios.

Es tan importante el uso de este producto en estas culturas, que las leyendas sobre el origen del mundo, la tierra y los hombres hacía referencia al maíz. En texto Popul Vuh, un poema maya del siglo XVI, es la recolección de tradiciones y leyendas de este pueblo; una de ellas habla sobre el momento de la creación del mundo, que es como la preparación de un enorme campo de maíz, en la que los 4 lados se delimitan y miden con una cuerda enorme.

Dice que los hombres, fueron modelados por los dioses con harina de maíz. Es claro que hubo otros intentos de modelado con otros materiales… los dioses creadores del universo llamados Corazón de Cielo y Gucumatz, después de haber llenado la tierra de agua, vegetación y animales, construyeron primero un hombre de arcilla y se deshizo; luego probaron con hombres de madera y mujeres de juncos, pero no era inteligentes y no valoraban a sus creadores y los destruyeron. Y luego crearon una tercera forma de vida que vivió en completa neutralidad por así decirlo.

Un día de oscuridad Corazón de Cielo y Gucumatz ordenaron a un grupo de animales (Zorro, papagayo, cuervo y coyote) que recogieran maíz amarillo y blanco en las montañas de Paxil y Cayala donde había abundante semilla y frutos. Estos entregaron lo mandado y Xmucane tomó el grano y lo molió haciendo una harina y con esta moldearon a los primeros hombres y mujeres; de aquí nace el origen de la actual humanidad y que tiene origen en el maíz.

Muestra culinaria por parte de Maria Buenaventura y portadores de tradición

Guatemala y México tienen leyendas aztecas donde los dioses también crearon al hombre a partir del maíz, cuenta la leyenda que estos necesitaban alimentar a los hombres y fue cuando Quetzalcóatl, vio a una hormiga roja que llevaba consigo un grano de maíz y le preguntó que dónde lo había conseguido. Al principio la hormiga se negó a decir la locación y luego de amenazas llevó al dios al monte Tonacatepelt o la “montaña de la comida” para ver allí los alimentos, Quetzalcóatl se transformó en hormiga negra y siguió a la hormiga para adentrarse a la montaña y llegar a un salón lleno de granos, luego el dios se juntó con sus colegas y estos mastican los granos que se tenían de maíz, luego colocaron la papilla en la boca de los hombres y vieron que era gran alimentos para ellos. Decidieron mover la montaña de comida a la ciudad de los hombres y trato Quetzalcóatl de llevarla, pero no pudo, entonces pidió ayuda al dios Nanahuatzin que partiera la montaña, pero no pudo, por lo que llamó a los Tlaloc (Los dioses de la lluvia y del rayo) y logro que el monte se partiera y proveyera de granos de muchas calidades y colores; los Tlaloc tomaron estos granos y se los dieron a los hombres y desde entonces estos son venerados como dispensadores de las cosechas.

Venta de mazorca asada al publico en Espacio Odeón

Como se perciben estas leyendas son parte del ADN de la cultura americana. Y esa esencia es muy importante de mantener; lastimosamente a través del paso de los años desde la época de la Colonia hasta nuestros días, se han vivido una serie de desplazamientos forzosos a cerca del qué comer y qué sembrar. Por lo que, desde las dietas europeas hispánicas hasta las actuales dietas occidentales, desplazan el producto criollo o tienden a desaparecer toda una serie de variedades en este caso de maíz, que no permiten una libre elección del alimento y la oferta se cierra dejando un par de productos que han sido modificados genéticamente para aguantar una serie de climas y plagas; y que al final no permiten “alimentar” al hombre, sino que dan un contentillo al estómago mas no al alma. Esto no permite que se generen procesos autónomos de alimentación, quien a su vez se destruyen siglos de historia, conocimiento ancestral y cultural.

Para la presentación de Espacio Odeón en Bogotá (Un puesto en la Mesa), ilustra una serie de miradas y comentarios sobre la relación existente entre la comida y el poder. La apropiación de tierras, el control de las semillas, la domesticación de ciertos seres vivos, la violencia laboral, el desplazamiento y la categorización de funciones y roles sociales, políticos y de género, son todos temas que aparecen en las obras presentes en esta exposición y que están vinculados de una u otra manera con la comida y la tierra.

La obra de María Buenaventura presenta una mirada diferente sobre el control de las semillas, los cultivos, el territorio y el paisaje. Es por ello que las obras seleccionadas muestras cómo la comida determina un orden social y sus dinámicas contribuyen a la distribución inequitativa de la vida misma; también son una forma de recordar que la tierra es el lugar donde se concentran los mecanismos de supervivencia y de resistencia. Comer, cocinar y producir comida son formas de estar juntos y de crear sentido, autonomía y agenciamiento. Si la comida es poder, entonces ¿Quién se sienta en la mesa?

Texto tomado de Un puesto a la mesa (Alejandra Sarria Molano)

 

María Buenaventura (Colombia)

El territorio no está en venta 2011 – 2017; Nuevo, homogéneo, estable, distinguible 2012 – 2017 y Observatorio de Maíz 201 – 2017.

Celebración del día del maíz en Espacio Odeón

Hasta hace 25 años, Colombia era un país autosuficiente en su producción de maíz, hoy en día importa el 83% de maíz que se consume. En las obras Nuevo, homogéneo, estable, distinguible y Observatorio de Maíz, Buenaventura se dirige a este proceso de homogenización y control que ha resultado en la exterminación de una historia, conocimiento y autonomía compartidos.

En estas primeras obras, María hace un paralelo entre lo que implica la destrucción de una importante obra literaria y lo que significa la destrucción de las semillas nativas y la consecuencia que esto tienen en términos sociales y culturales. En la segunda, recolecta y entreteje más de 200 granos de maíces nativos, en un ejercicio de contemplación que busca una de estas semillas constituye un universo y un potencial de vida.

Sí bien sus obras se dirigen a problemáticas de despojo y control, tanto de tierra como de las herramientas para vivir de ella, también se refiere al potencial de poder y autonomía que existe en cada semilla y grano de tierra. Buenaventura no se detiene en presentar el problema; por el contrario, muestra plantas que crecen por encima de los decretos que buscan destruirlas y homogeneizarlas, así como los campesinos que luchan y se mantienen en su territorio a pesar de la maquinaria que intenta desplazar los. 

Espacio Odeón

Bebidas a base de maíz

Como se puede ver, aquí se ven dos caras muy diferentes acerca de la aproximación del maíz dentro del continente americano y otro la realidad actual que vive Colombia acerca del uso del maíz como semilla para alimento y cómo se lucha para mantener las antiguas especies vivas aquí se puede ver que el maíz es uno de los ejemplos más vivos sobre el manejo de la semilla y una puesta en escena artística de forma que es una protesta política, social y cultural en contra de una “maquinaria” que ejerce poder decisorio sobre lo que se siembra y no y cómo se siembra, y es muy puntal la forma en un alimento ancestral como es el maíz tiene muchas connotaciones que los alimentos abarcan en los saberes del hombre, desde  hace varios siglos atrás hasta nuestros días, lo importante no es sólo conmemorar este único día del año a este producto; y seguir como borrego al matadero en tendencias de consumo de otros productos alimenticios, sin preguntar y cuestionar a los proveedores de dónde viene los productos que actualmente se consumen y en qué condiciones.

La idea de este artículo no es polemizar y crear escándalos, más bien es hacer conciencia de que todo tiene su lado político (Toma de decisiones) y que a través de esta decisiones se tiene una responsabilidad con trasfondo trascendental, no solo en el hoy sino en el mañana, en las futuro de las próximas generaciones y la preocupación de mantener un patrimonio alimentario que a largo es cambiante, pero que con el actual ritmo de vida, se vive un acelerado proceso de cambio y que no es positivo y que al contrario es incierto, lo cual deja muchas preguntas y propuesta de movimiento y regulación frente a lo que se come y los gustos como van cambiando generación tras generación. Conocer estos maíces y verlos en una vitrina es una cosa, cultivarlos es otra, venderlos es otra, convencer a masas que son buenos para la salud y que mantenemos un patrimonio cultural inmaterial es otra, comerlos, degustarlos y ensayar varias técnicas de cocina para su procesamiento y consumo masivo es otra y mantenerlo como patrimonio de la humanidad como base alimentaria dentro de los temas de soberanía y seguridad alimentaria es otra.  Como se percibe, el cambio de tema que gira en torno a un simple alimentos como es el maíz es cosa seria y se debe tomar como tal así; lo que nos permite a través de la transversalidad de temas y áreas del conocimiento explorar y desarrollar diferentes puntos de vista a trabajar. Este texto invita a productores, distribuidores y consumidores a preguntarse, a debatir para sí mismo en la conciencia qué se come y por qué se come y de allí hacer cambios drásticos y positivos, que se vean de manera paulatina del desarrollo del consumo y producción de alimentos y hacernos más amigos del maíz en este caso y promocionarlo como parte del ADN que nos identifica como latinoamericanos.

@franjiba

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